Islandia

Roadtrip en 7 días

Skaftafell

Las mariposas de mí estomago no murieron ni con el frío islandés.

Hace muchos años que un gusanillo rondaba por mi estómago pidiendo una aventura única, fría, aislada, salvaje y atrevida. Cuando subí en el avión estaba muy nerviosa y emocionada pues hacía muchos años que quería ir a Islandia y acercarme al Polo Norte, como si pudiese llegar a la gran placa de hielo. Cuando empezamos a perdernos entre nubes densas mi corazón palpitaba lento y con intensidad, me sentía alerta y ansiosa por aventura. Y de hecho viví así toda la aventura y el gusanillo paró de repente de moverse en ese movimiento tan visceral. Sentía la sensación de estar exponiendo mi piel a la vida salvaje y eso fue una adrenalina increíble y adictiva. Y de repente hubo un momento que más adelante explicaré en la que la metamorfosis del gusanillo fue completa, las alas de una mariposa que adivino era muy libre acariciaba las paredes de mis entrañas, diciéndome que era libre para explorar el mundo. Y así fue como mi nombre con apellidos tradicionales transformó estos últimos en uno solo, un nombre que me abría las puertas a experimentar y a canalizar mi energía. Allí nació Laia Wanderlust, mi nombre se queda conmigo como la piel y mis huesos, pero mi apellido en esta etapa de mi vida no podía ser otro que Wanderlust, pues explica la necesidad imperiosa de viajar y explorar. Esa soy yo ahora, una exploradora de las Ilíadas.

¿Cuándo ir?

Yo diría que nosotros fuimos en una de las mejores épocas, mitades de marzo, aún se pueden ver auroras boreales, hace frío pero no mueres en el intento, hay bastantes horas de luz, ves paisajes nevados pero también ves el suelo de otros colores y puedes usar toda la carretera principal.

¿Por qué?

Pues porque si quieres ver las auroras boreales tienes que ir en la temporada alta desde finales de agosto a mediados de abril, los puntos fuertes son durante los equinoccios (septiembre y marzo). Durante nuestra estancia no conseguí ver ninguna aurora boreal, y es uno de los sueños de mi vida.

Las horas de luz son importantes, por la seguridad al volante, por la belleza del sol iluminando las montañas, las cascadas y los campos nevados. Las horas de luz son maravillosas sobretodo por las fotografías y las excursiones. Pero supongo que para un retiro la oscuridad no debe estar mal si te hospedas en un spa o cabaña en algún punto perdido del norte.

Me parece perfecto esta temporada porque hay contraste de colores, sigue habiendo nieve por todo pero puedes ver también suelos ocres y playas negras. Supongo que si vas en verano ese contraste no incluirá tanto blanco. Pero la temperatura será más agradable en verano y tendrás otro tipo de actividades disponibles.

Advertencias

  1. Islandia es cara, no os voy a engañar, una semana allí actuando como una mochilera me costó más que un viaje de mochilera durante doce días por el centro de Europa.
  2. Si alquilas un coche te aconsejo que vayas con mucho cuidado y que alquiles un seguro a todo riesgo. Dormir. Antiguamente podías dormir en cualquier sitio, ahora ya está regulado y tienes que pasar la noche en campings. Una de las razones por las cuales lo veo lógico es que hay que ser conscientes que podríamos aparcar en lugares peligrosos y despertarnos en una avalancha. Y a su vez, vive gente por todos los lugares, es decir las tierras pertenecen a personas, por lo tanto eso se debería respetar. Nosotros pedimos permiso alguna vez a los dueños para dormir en su terreno.
  3. Con los coches normales solo puedes ir por la carretera central N1, solo los 4×4 indicados pueden ir por las carreteras del centro (muchas veces cruzan ríos).
  4. Resiliencia, a veces cuándo hay tormentas cierran carreteras, entonces hay que respirar y tranquilizarse, entender que no puedes hacer nada y disfrutar del tiempo de descanso. Además de ir informándose en la web http://www.road.is/travel-info/road-conditions-and-weather/
  5. Mar y sus olas. Cuando una se hace fotos cerca de las olas hay que mirar más hacía atrás que adelante, pues una de sus olas te puede arrastrar fácilmente hacia dentro. Y el rescate -si tienes suerte- será muy desagradable.
  6. El tiempo cambia literalmente cada 5/10 min puede nevar como si se acabase el mundo, granizar, llover, incluso que el viento feroz te dificulte caminar o el sol te deslumbre. Ante todo paciencia.
  7. Ropa calentita, importante y capas como una cebolla, así cada cinco minutos dependiendo del tiempo te puedes acomodar sin que todo resulte en una gripe.
  8. The Blue Lagoon, las entradas se agotan, así que reservadlas con antelación. Si te metes en las aguas calientes que la naturaleza ofrece te doy dos consejos: entra sin joyas para que no se estropeen y si puede ser sin que el pelo se te moje, porque hay mucho azufre. Por otro lado el agua de los grifos y naturaleza es potable y maravillosa, no te olvides tu cantimplora.
  9. Si vas en coche, reposta en todas las estaciones que encuentres, no hay una en cada esquina, así que si no quieres quedarte tirado en medio de la nada, cada vez que veas una rellena.
  10. No te hagas la valiente si no lo ves 100% claro, hay muchos casos de gente que muere o sufre accidentes graves por aventurarse demasiado sin conocimiento. Así que si algo no está regulado y no vas con alguien que sepa igual no es buena idea.

Itinerario

Día 1: Llegada a Reykjavik

Nuestro vuelo fue desde Edimburgo con Easyjet hasta el aeropuerto de Keflavik, no hubo ni una turbulencia, pero si nos adentramos en unas densas nubes que se tragaron el avión. Para mí fue como cuando Lucy entra en el armario y sale en el paisaje nevado de Narnia, la sensación fue diferente, la esencia del lugar estaba impregnada de otro sentimiento, más recogimiento o paz.

El Shuttle bus, aunque no es muy barato, es lo más económico. Lo compramos en la taquilla directamente desde el aeropuerto y nos dejó en el centro de la ciudad. Tardamos unos cuarenta y cinco minutos en llegar al centro y nos fuimos directos a nuestro albergue http://www.hlemmursquare.is nosotros lo reservamos a través de Booking. Nos fuimos directamente a dormir y nos despertamos pronto para aprovechar la mañana recorriendo la ciudad.

Día 2: Reykjavik

Nos despertamos, desayunamos en la preciosa cafetería del albergue y nos fuimos directos a explorar la ciudad. La primera parada fue el Tales from Iceland, es un museo muy acogedor, un lugar lleno de proyecciones que te hacen entender mejor la cultura moderna de los islandeses. Además son tan hospitalarios que te invitan a una bebida caliente y a pastas. https://www.tales.is

Después dimos un paseo por el centro mientras nos dirigimos a la siguiente atracción, The Saga Museum. Fue sin duda mi favorito, te explican a través de muñecos de cera y decoración – como si hicieses un viaje en el tiempo- cómo se pobló Islandia por los vikingos y su evolución en general. Al final del tour puedes vestirte de la época y hacerte fotos. https://www.sagamuseum.is

Corrimos hacía nuestra siguiente parada, el free tour. Yo siempre digo que al llegar a una ciudad nueva me parece importante descubrir la ciudad con conciencia y para ello los free tours son una maravillosa manera de hacerlo. Pues pagas la cantidad que consideras justas al guía, eso les hace a ellos motivarse para hacerlo muy entretenido y nosotros aprendemos a poner precio a la cultura según nuestras posibilidades. Puedes elegir entre muchos tipos, en nuestro caso siempre empezamos por el básico con historia https://citywalk.is.

Nos perdimos por las calles intentando encontrar algún lugar con opciones veganas, pero como acabamos el tour bastante tarde y estábamos muy cansados de andar, nos paramos en el primer bar donde vendiesen patatas fritas y llenamos nuestra barriga rápido, listo ya para la siguiente fase.

Volvimos al aeropuerto de Keflavik con el autobús y allí nos vinieron a recoger la empresa con la que alquilábamos el coche (que no recoge a sus clientes en la capital). Una furgoneta que era suficiente para dos sería nuestra casa móvil para cinco noches. Nosotros alquilamos un seguro todo incluido y la verdad es que menos mal porque nos pasó algo muy típico en Islandia, un trozo de grava chocó contra la luna frontal del coche y la agrietó. Gracias al seguro no tuvimos que pagar nada extra.

La siguiente parada fue el supermercado pues éramos conscientes de que no sabíamos cuándo sería encontraríamos el próximo. Los más baratos son Bonus y Kronan y están muy bien servidos.

Hallgrímskirkja

Día 3: Golden Circle 1.0

Nos despertamos muy pronto. Hacia las siete y media ya estábamos en el pie de la montaña que íbamos a subir: Reykjadalur Hot Spring. El camino estaba poco marcado pero los primeros exploradores marcaron el camino y fueron sus huellas las que me guiaron. No os voy a engañar, la subida es moderada y cualquiera que mantenga un ritmo de vida activo lo puede subir sin problemas, pero al fin y al cabo es una montaña con desnivel. Así que paciencia, desayunad bien y poco a poco. A lo largo del camino podréis observar montañas nevadas, agujeros de agua caliente (a 100ºC), el bonito humo que sale de ellos y finalmente un rio con agua caliente.

Llegamos y todo estaba tranquilo y desierto, solo una pareja descansaba en bañador dentro del agua y si lo sé es porque vi sus dos gorros de invierno en sus cabezas asomar por una de las curvas del rio. Martin y yo nos fuimos más lejos para dejarles intimidad, me puse muy seria creando algún algoritmo imaginario sobre como podía quitarme la ropa y pasar la menor cantidad de frío posible mientras entraba hasta el agua. Imposible, por muy rápido que fuese llevaba tantas capas de ropa que me congelé igual. Pero al entrar en el agua la historia cambia, el agua esta a una temperatura perfecta. Al principio me picaba la piel por el contraste de temperatura, pero después me relajé y me dejé llevar por la tranquila corriente, mi piel se sentía acariciada por las rocas del suelo. Al mirar a mi alrededor y poder sentir esa paz, ver las montañas solas a mi alrededor, el cielo de un lugar tan lejano me emocioné. He vivido pocas experiencias tan purificares como esas, me sentí más libre y salvaje que nunca, me sorprendí siendo Laia Wanderlust. Pues me encontré en un río perdido en Islandia y entendí que para despertar más partes de mi interior tenía que recorrer el mundo y así activar cada poro de mi alma.

Cuando empezó a llegar mucha gente nos cambiamos el bañador por la ropa calentita y nos fuimos al siguiente destino a media hora en coche: Kerid Crater. El precio es barato y si no has visto nunca un cráter vale la pena, como fue mi caso, pero es una experiencia que por colores es mejor verlo en verano.

Nuestra siguiente parada a 40 min en coche fue fuente termal Hrunalaug, hay una pequeña caseta de madera donde poder hacer una donación y cambiarse. Tiene dos piscinas y la experiencia es preciosa, hay una ley no hablada en Islandia, si vas a una fuente termal o lugar de espacio reducido, como buen humano dejas intimidad a esas personas dando una vuelta por los alrededores, la gente suele tener consciencia y al cabo del rato te dejarán el espacio libre. Los detalles del lugar son increíbles, porque puedes ver runas vikingas en el tejado de la caseta, las runas son el alfabeto que ellos usaban. Al acabar de darnos un baño muy relajante intentamos cocinarnos una pasta – que acabó siendo muy al dente).

La última parada del día fue la cascada de Seljalandsfoss a una hora aproximadamente en coche, intentamos llegar para el atardecer y pudimos captar algo de esa luz dorada tan famosa, pero llegamos un poco tarde. El párquing es grande, y el paseo hasta la cascada son cinco minutos, puedes verla por todos los lados, simplemente cuidado con no resbalar.

Día 4: Golden Circle 2.0

Pronto por la mañana fuimos a Reynisfjara Beach había muchísima gente y conseguir hacer alguna foto era bastante difícil pero de repente todo el mundo se fue, yo estaba tan absorta con la cámara que no me dí cuenta que tiempo había cambiado y las olas se habían vuelto muy salvajes. Eso es una de las grandes advertencias de Islandia, las olas pueden sorprenderte y si te alcanzan llevarte hacía abajo, muy peligroso. La playa es preciosa, el contraste del agua grisácea, la arena negra brillante por el agua en contraste con la nieve y las rocas geométricas son un espectáculo de la naturaleza.

A esta parte del viaje nos quedaba poco dinero pero queríamos ver uno de los glaciares más importantes Skaftafell a dos horas de coche, una excursión acompañada es bastante cara pero nosotros dimos un paseo por los alrededores y pudimos tener una visión bastante bonita del glaciar. No os aventuréis entre placas de hielo solos porque es muy peligroso.

Jökulsárlón, a una hora en coche es el fin de un glaciar que desemboca en un muy profundo lago, icebergs flotan pacíficamente en él y se reflejan en sus tranquilas aguas, simplemente precioso.

Diamond Beach a diez minutos andando, este lago desemboca en el océano por un canal, los trozos de hielo flotan por él hasta el mismo océano y a veces los trozos se quedan en la orilla. Con el reflejo del sol los trozos de hielo parecen joyas que contrastan sobre una manta de terciopelo de arena negra.

Y hasta aquí el Golden Circle, muy abundante en turistas, nuestra última parada del día ya se salía de esta ruta. Nuestra aventura de verdad empezaba en ese instante y las Vestrahorn Mountains fueron mi parada favorita de toda Islandia. Una hora en coche más al este llegamos a una casita de madera, allí pagas la entrada para llegar más allá hasta tener la perspectiva deseada de las montañas. Puedes entrar en coche o andando, nosotros escogimos la primera opción y llegamos hasta las dunas de arena negra, donde Martin jugó un rato. Caminamos hasta estar justo enfrente de las montañas, el cuadro que podéis esperar son las montañas erguidas con orgullo al final, la playa a la derecha baña la arena negra y entrado el anochecer la arena mojada crea un espejo que regala un cuadro simétrico natural gigante.

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Después volvimos a aparcar en la pequeña cafetería de madera y caminamos quince minutos hasta el set de rodaje de una película que nunca se grabó. Es un pequeño poblado que representa un pueblo vikingo, es falso pero está muy bien hecho y no pude evitar montarme mi película.

Día 5: La gran tormenta

Nos despertamos otra mañana sin haber visto ninguna aurora boreal, hicimos café y conducimos tres horas y media hasta Egilsstadir. Allí paramos a reposar en una gasolinera con restaurante estilo años cincuenta y, muy amablemente nos informaron de que acababan de cerrar todas las carreteras a nuestro alrededor porque llegaba una tormenta. Esto dejó a Martin en shock, a mí con un ataque de risa nervioso, si os pasa eso paciencia y resiliencia, de vez en cuando hay que llamar al servicio de carreteras que os informa de su estado y os pueden comunicar cuándo está previsto abrir las carreteras. http://www.road.is

En nuestro caso solo podíamos comer y mirar películas en la parte de atrás de nuestra furgoneta, aparcamos en el camping del pueblo y ahí nos quedamos esperando a la mañana siguiente.

Día 6: El norte

La carretera fue despejada por las máquinas quitanieves muy pronto, hacia las siete de la mañana ya podíamos volver a circular y el paisaje me dejó anonadada. Llega a un punto donde una gran llanura de nieve es todo lo que te rodea, alguna montaña igual de impresionante se puede ver a lo lejos pero nunca he tenido la sensación de estar en las puertas del cielo o como a mí me gustaba llamarlo Valhalla, como en esta situación. Estaba muy concentrada porque la nieve lo cubría todo pero era precioso ver esta gran manta de nieve casi sin coches y sin vida humana.

La cascada de Goðafoss está a dos horas y media en coche y es una de las demostraciones de la naturaleza islandesa sobre el agua, el hielo y la fuerza de todo ello combinado. En medio de toda esta inmensidad blanca la cascada de agua corre ferozmente entre caídas de rocas, creando incluso estalactitas de hielo en sus bordes.

Hvítserkur es la joya que encuentras después de 5 horas bordeando la costa norte de Islandia, en cierto punto del trayecto la carretera se vuelve estrecha y en este caso muy resbaladiza. Esta es mi prueba para vosotros de que no podéis despidamos ni un momento – yo lo hice, miré un segundo de más unos caballos a la derecha- el coche piso un poco el borde de la carretera y empezó a resbalar, perdí el control de la furgoneta giré el volante como una loca intentando enderezarlo mientras de fondo escuchaba los gritos de Martin pensando ya que iba a morir. Pero Freya debió ver mi decisión y valentía al intentar controlar la situación y me ayudó a aparcar como solo una diosa podría hacer, he aquí la prueba:

Laia aparcando gracias a Freya

Al final de la carretera donde el GPS os diga aparcas y bajas una montaña pequeña hasta llegar a un mirador, desde ahí puedes ver el «rinoceronte» de piedra, como si pasease por la playa de algún lugar hecho por dioses. Nos quedamos ahí pensando en si bajábamos pero he de decir que me da un respeto increíble ese océano y aunque mientras miraba Frozen II aluciné con la valentía de Elsa metiéndose en el agua yo me quedé plantada en el mirador soñando.

Día 7: The Blue Lagoon

Estábamos agotados. Conducimos una hora aproximadamente hasta llegar a Landbrotalaug Hot Pot, estaba lleno así que decidimos dormir por los alrededores y a la mañana siguiente fuimos los primeros en llegar. Recuerdo el pequeño caminito de piedras que sobresalen del agua – vas a tener que cruzar por ahí sí o sí, estaban cubiertas de nieve y la luna preciosa iluminaba junto con la luz del alba el paraíso. Bañarse allí a primera hora fue mágico, la luna, el agua caliente el olor a Islandia, estar perdidos en el mundo, pocas cosas en la vida las puedo comprar a esto.

Teníamos pensado continuar por la península del noroeste pero debido al día de retraso que llevábamos por la gran tormenta no pudimos ir.

Ya en el oeste de Islandia bajamos en coche durante una hora y media y llegamos al Hotel del Blue Lagoon, después de tantos días «solos en el mundo» la enorme aglomeración del lugar nos dejó sorprendidos. Había cientos de personas, esperando su turno para entrar, por ello os digo que reservéis con mucho tiempo. No os recomiendo meter la cabeza en el lago porque se va a resecar mucho el pelo pero por si lo hacéis poneos acondicionador en el pelo antes de entrar como mascarilla protectora. Tampoco joyas si las apreciáis, y nada más entrar podéis ir a unos de los puestos que hay en el lago donde os dan la mascarilla de cortesía.

Lo siguiente fue ir hasta la gasolinera, llenar el depósito y ordenar el caos que se crea en la parte trasera de una casa móvil por dos personas durante cinco días, el arca de Noé iba más ligera. Luego fuimos a devolver el coche y nos llevaron al aeropuerto, mi segunda advertencia es que vayáis con tiempo porque revisan muchas maletas y se lo toman con calma.

Pegué la frente en la ventana del avión a la espera de poder atisbar todas las auroras boreales que me perdí durante siete días a causa de las constantes nubes. Pero no las vi, lloré y todo uno de mis sueños frustrados pero entonces Martin me susurró las palabras mágicas «si no ves las auroras aquí seguro que el día que viajemos a Noruega las ves». Así que ya os podéis imaginar que ya estoy planeando un nuevo viaje el cuándo será sorpresa.

Esta vez no puedo hacer crítica gastronómica ya que este viaje fue low cost y no teníamos presupuesto para restaurantes.

La guinda de la humanidad

Los campings son lugares de reunión de personas que o bien su presupuesto es ajustado, su manera de viajar es alternativa o simplemente quieren vivir la aventura de Islandia a lo más salvaje. En nuestro caso pudimos ver que las personas que se reúnen en estos lugares son muy simpáticas. Una vez me pasó que estaba en un camping por la mañana deshaciendo la tienda de campaña y hacía mucho frío, una pareja mayor estaba desayunando en una caravana al frente y se debieron de compadecer de nosotros, así que preparó dos tazas grandes de café y nos las trajo.

En Islandia la experiencia fue mucho más solitaria ya que el propio lugar es así, pero en los campings es cuando volvías a reunirte con la sociedad. Cuando hacía tanto frío que cerraron las carreteras y Martin y yo nos fuimos al camping sentimos esa humanidad como una red de soporte y seguridad. El hecho de saber que alguien dormía a ambos lados de nuestro coche nos dio un poco de seguridad, y eso nos hizo sentir más fuertes. No hablamos con nadie en este caso, pero era un acuerdo entre todos, un contrato silencioso en el que todo el mundo primero cuida de si mismo pero si puedo también te cuidaré a ti.

Islandia es salvaje no hay que equivocarse con la idea de que está ya preparado para el turismo, en cierto modo así es, pero no deja de ser una zona gobernada por la naturaleza donde el humano como siempre, intenta hacerse hueco. Esto lo hace atractivo y bello siempre y cuando una este con el ojo abierto a nuevas posibilidades y maneras. Ha sido una experiencia que me ha hecho ver los paisajes nevados como únicos cada uno, y me ha encendido las ganas de visitar otros nuevos.

Shetland Islands

Lerwick

Puede que su nombre no te suene en absoluto, para mi fue todo un misterio hasta que llegué a su puerto. Pero el desino es caprichoso, las mareas pueden llegar a ser pruebas sorprendentes y de un momento a otro tu vida puede ser como una metáfora de Jacinto Benavente. La capitana de mi barco, -y hablo en tercera persona porque a veces parece una extraña buscando y anelhando cosas que desconoce la simple y sencilla mortal en mí- dedicó parte de esta etapa escocesa a la búsqueda de la magia. El sentido del misticismo de la naturaleza, y la conexión que sentía hacía un lugar en el que nunca he estado antes. Lo primero que buscamos Martin y yo durante lo que yo llamo la etapa escocesa fueron experiencias folclóricas reales, auténticas y escondidas. Creo que en esos lugares escondidos se esconde la magia más ancestral, y si esa canción del alma también os llama este viaje puede ser para ti.

Una experiencia real que nos ofrecieron el primer día en la oficina de turismo fue exactamente eso, un festival vikingo que aviso desde ya, si quieres ir este año ya vas empezando tarde. Pero no te preocupes siempre que se quiere se puede, eso me dije y aquí os puedo explicar por qué fue tan especial.

Historia del Up Helly Aa

No se fechas exactas porqué ese nunca fue mi fuerte, y esta información pasó como se hizo antaño de boca a boca por nuestra anfitriona en la isla. Ella era menuda, pelo castaño, tez pálida y sonriente, fue como una tía que viene a contarte la historia antigua de tu sangre y yo me la creí.

«Este festival se creó después de la Segunda Guerra Mundial, nuestros hombres volvieron de la guerra tristes y desanimados, habían perdido muchos amigos y nosotras que nos quedamos en tierra reanimamos este festival en su honor. Los hombres son los protagonistas porque a nosotras nos encantaba sentarnos y verles divertirse entre ellos y, a su vez ellos se sentían admirados por nosotras. «

Parecía muy lógico que ellos volviesen a sus raíces vikingas para curar un presente tan duro y violento con una violencia más peliculera y vista desde un punto de vista más lejano. Y eso que empecé la experiencia un poco intrigada porque las mujeres no pudiesen participar, pero su explicación me dejó sin palabras, a día de hoy aún. Amor hacia el prógimo, y acalló las palabras que retumbaban en mi mente.

Up Helly Aa

Dieciséis años de espera, seis años de cuidados, un año de preparación y un día de gloria.

Este festival representa la llegada y asentamiento de los vikingos en la isla, o eso entendí yo. Y eso es lo que ellos reclaman y representan ese día.

Hay una lista de espera de 16 años para cualquier hombre de las Shetlands que desee ser el Jarl que sería como el jefe/rey de los vikingos. Alguno de ellos se deja crecer la barba durante seis años con la intención de mostrar a los demás su imponente hombría. También el Jarl decide quienes serán su main squad, sus guerreros principales que desfilaran con él y le protegerán hasta su muerte. No hace falta que os mencione el honor que implica ser el hombre del año, pero durante ese tiempo los preparativos son intensos: vestimenta de la época, canción-lema, identidad y la galera que crean durante un año y queman el último día.

Pero esta legión de hombres no está sola, unos novecientos hombres más se unen a este desfile de testosterona. Supongo que todo el censo de hombres mayores de edad y algún joven. Durante el gran día todo el pueblo y pocos turistas se centran en captar esta fuerza de la unión que dura hasta bien entrada la madrugada del día siguiente. Una vez el sol sale de nuevo, otro Jarl ha nacido.

Main Squad 2018

Fechas del evento

El último martes de cada enero es el gran día. Las Shetland Islands se llenan de gente de los alrededores y algún turista fan de alguna Saga o serie vikinga se reúnen allí a celebrar el folklore del lugar. Me incluyo en entre ellas.

Me parece un buen momento para deciros que todo se alquila, reserva y adquiere con mucho tiempo de antelación. Nosotros tuvimos bastante suerte, pero no os voy a mentir, dedicamos mucho tiempo a buscar las cosas.

Lerwick

¿Cómo llegar?

Hay dos opciones, la más aventurera y barata y la más rápida y cara.

Obviamente escogimos la primera y es una de mis experiencias más explicadas en cenas con amigos. Un Ferry – https://www.northlinkferries.co.uk – desde Aberdeen te lleva durante 14 horas por la noche hasta Lerwick la capital. Hay tres tipos de acomodaciones, butacas normales, butacas en una sala más privada un poco más cómodas -esa fue nuestra opción- y camarotes. Si la mar esta en calma supongo que debe ser bastante intenso – ya que es el Mar del Norte y se mueve bastante por naturaleza-, nosotros nos encontramos con que había tormenta. Y os lo prometo, la humanidad entera del barco nos encomendamos a Odín de verdad. Martin meditó para que sus espaguetis no saliesen de su cuerpo, yo no tuve tanta suerte. Bajamos del barco aparcamos y empezamos a respirar a ver si nuestro cuerpo se estabilizaba y pensé que el Papa de Roma debió de empezar su costumbre de besar el suelo al aterrizar, seguro cuando vino a estas islas.

Una hora más tarde fuimos a desayunar a un bar maravilloso del que más abajo haré una crítica gastronómica y compartimos mesa con dos mujeres, una de Canadá y otra de EEUU. Mientras Martin comía una buena tostada, yo ahogaba mis penas del mar anclada a una taza enorme de café. Ellas nos dijeron que también tenían reservado el Ferry pero al enterarse de la gran tormenta escogieron la segunda opción. Un avión desde Glasgow puede llevarte hasta el pequeño aeropuerto de Lerwick, más caro seguramente pero mucho más rápido.

He de reconocer que no cambiaría nada, lo pase mal en el barco, sí, pero tengo una maravillosa historia que contarles a mis nietos si alguna vez los tengo. De cómo su abuela un día navegó con seres mitológicos que creaban unas olas tan grandes que el barco se estremecía ante los gritos de Odín. ¿Poético verdad?

Puerto de Lerwick

Itinerario

Nosotros nos tomamos cinco días tranquilos para esta aventura con mi coche, si no tenéis os recomiendo totalmente alquilar uno o no podréis moveros por el lugar. He pensado mucho en si compartir esta experiencia o no, porque fue tan auténtica que da un poco de pena que llegue a muchos ojos lectores. Pero por esto escribo estas líneas, para pedir amor y respeto por esta cultura y lugar. Si finalmente te decides a caminar por sus calles, escuchar sus gritos de guerra y catar los últimos trazos del alma folklore hazlo como un buen somelier, con respeto.

Día 1: Las tierras altas escocesas

Nosotros viviamos en Edimburgo, así que cada vez que teníamos una excusa aprovechábamos para escapar al norte y descubrir más de los salvajes campos, montañas y bosques. Salimos con el coche ruta norte.

Básicamente paramos en el lago Morlich y hicimos una ruta de una horita por su alrededor.

Finalmente llegamos a Aberdeen y subimos directos al ferry, no sabíamos que habían opciones veganas en el barco así que íbamos bien cargados de comida. Pero para que lo sepáis podéis pedir explícitamente comida de origen vegetal sin problemas. El Ferry llegó a puerto sobre las seis de la mañana, aparcamos en el supermercado Tesco y compramos comida básica para los próximos días. Al lado del mismo Tesco esta el restaurante más maravilloso de la isla del que hablaré más tarde, disgustamos un rico desayuno, mantuvimos una interesante conversación con dos mujeres con las que compartíamos mesa y nos organizamos para explorar un poco la isla. Con calma para que las aguas de nuestro interior se mantuviesen pacíficas.

Empezamos por el faro Sumburgh, un viento salvaje azotaba desde lo alto, una sensación fría que caló en mis huesos, se llevo todo consigo, mi malestar por el viaje, mis enfados por la vida y solo me dejó mi esencia. Profundo sí, pero real durante un rato, fue un pequeño regalo de la vida. Muchas gaviotas se escondían entre las rocas de los acantilados, acurrucadas en parejas, Martin y yo dimos una pequeña vuelta y volvimos hacía el norte de nuevo.

La casa más antigua conservada en la isla
(de camino al faro)

Fuimos hasta la isla de Saint Ninian’s que los escoceses a veces usan como expresión de asombro como nosotros diríamos o, mejor dicho nuestras abuelas en España dirian «Por la Virgen» o «Jesús, María y José!». Aparcas donde puedes y llegas a una playa, un estrechamiento de mar por los dos lados deja un pasillo de arena que conecta la península con la isla y me recordó a Illetes de Formentera pero a lo salvaje. Estuvimos un rato allí jugando con la cámara, las conchas de las orillas y la sensación de estar entre dos playas.

Como ya he remarcado bastante, es difícil encontrar hospedaje, nosotros empezamos a finales de Noviembre y tuvimos que escoger dos hoteles diferentes. El primero fue en Sandwick, un pueblecito muy pequeño costero, más que un hotel parecía una casa con derecho a hospedaje, https://www.orcacountryinn.com un señor mayor lo regentaba con mucho cariño. Martin se pasó horas hablando con él sobre el todo y la nada, la vida y el después. Su cocina es profesional y estás invitado en ella, la nevera esta dividida por habitaciones así que puedes guardar cómodamente todo lo que necesites y tienes derecho a cocinar en ella siempre y cuando la dejes limpia después. Con suerte verás a otras personas y te relacionarás con otras culturas.

Esa noche me mantuve despierta, mirando la ventana y esperando una alerta del móvil para cumplir un sueño – ver una aurora boreal-. El bip del móvil me sobresaltó, debían ser las dos de la madrugada, 23% de posibilidades, más de lo que había conseguido hasta ahora, salté de mi cama, me enrollé en una manta y arrastré a Martin escaleras abajo para ver el gran festival de luces. Nuestra sorpresa, no había auroras pero si nieve, mucha además, me resbalé en mi euforia y me deje la motivación escarchada en el suelo. Estábamos perdidos en un pueblo muy lejos de todo, en una calle vacía de un pequeño pueblo nevado, y Martin y yo tirados en el suelo riendo a carcajada limpia.

Día 2: Las islas del norte

Puse música clásica, la luz azulada invadía la nieve con un aura especial, fuimos más al norte de la isla y proseguimos con dos Ferries hasta las islas más al norte posible, Yell y Unst, la nada nos invadió- mucho campo, pocas casas y su todo nos llenó, pues esencia pura era lo que rondaba en esas tierras altas . En Yell vimos una galera vikinga y en Unst hicimos una caminata poco más de de dos horas, bastante sencilla, y os voy a explicar lo que sentí.

Replica de un barco vikingo

Las brumas nos recibieron a media montaña, los campos estaban cubiertos de un dorado tenue, mate con reflejos fríos de hielo y nieve. Los primeros quince minutos me dediqué -para desesperación del paciente Martin- a saltar los charcos congelados de hielo. El placentero crujido era adictivo para mí, Martin me miraba riéndose amorosamente diciéndome lo niña pequeña que podía ser a veces. Andamos montaña arriba y seguimos un riachuelo que se escondía en una pequeñita «cueva», me sentí llamada y me senté dentro tomando y fotografiando las estalactitas de hielo que se formaban sobre la hierba que colgaba de los bordes. Me pareció perfecto y puro el maravilloso contraste entre la luz y la naturaleza. Llegamos a una pasarela de madera -cuidado por favor que resbala más de lo que parece – ahí fue mi turno para reírme, mis botas de montaña resultaron más estables que las de Martin, y se pasó medio camino enganchado a mi brazo con piernas de gelatina. Pude imaginarnos como octogenarios aguantándonos mutuamente un día cualquiera. Paramos a admirar los pequeños riachuelos que se formaban – una capa de hielo superior congelada y burbujas de aire que mostraban cómo el agua corría bajo esa superficie-. Llegó un momento increible de vértigo, he subido más alto en mi vida pero, os prometo que la sensación fue embriagadora, un acantilado no tan alto como se percibe se planta como el final de las Shetland Islands. Os prometo que mi deseo era el de ponerme a andar con cuatro soportes porque tenía miedo a que el viento me llevase para siempre a otro lugar. Me planté allí, miré a Martin y le pregunté «Si me tirase al agua y, sin contar corrientes, siguiese en línea recta llegaría al Polo Norte?» Él se rió un poco ante mi pregunta, pues él es muy lógico en todos los aspectos y sabe que es imposible hacer lo que digo, pero entendió mi intención y asintió con la cabeza. Volví a mirar hacía ese infinito, y me imagine cómo sería llegar nadando hasta un playa de hielo que poco a poco y tristemente se está derritiendo. Quería llorar de la emoción y de la pena.

El cielo respondió, o eso me gusta creer, ante mis anelos pues me quiso regalar un pedacito de ese norte. Copos de nieve resbalavan sobre mi pelo, mis manos, y aterrizaron a mis pies, nos pusimos en cuclillas a mirar cada copo y por primera vez pude apreciar esa estrella que son de verdad. Finalmente y aunque sabiamos que podíamos ver ballenas – que no vimos-, satisfechos y contentos volvimos a tiempo para ver el sol ponerse entre tonalidades rosadas reflejadas en los charcos de hielo.

Volvimos a Lerwick, nos perdimos entre calles preciosas y su puerto me recordó al Polo norte y cómo me lo imaginaba yo. Me colé en una tienda muy llena de antigüedades y me sentí agradecida por la experiencia que nos esperaba mañana, el Up Helly Aa. Nos sentamos a tomar un vino mientras observábamos la inmensidad de la oscuridad, llamamos a nuestro futuro hotel para al que íbamos la siguiente noche para ver si nos podían conseguir entradas para uno de las Halls. Lo explicaré más adelante, es la parte más dificil de conseguir pero en este hotel te ayudan a entrar y gracias a ellos la experiencia fue completa. FInalmente volvimos a Sandwik a dormir.

Día 3: Up Helly Aa

La mañana era fría, nevada y reflexiva, pero se cocía una emoción en el aire muy divertida. Aparcamos en Lerwick a eso de las diez de la mañana, los niños salían de excursión de sus colegios directos a experimentar el festival. Y de repente se oían sus gritos, se escuchaban sus pisadas sobre la nieve. El Jarl con el pecho hinchado de orgullo a más no poder caminaba por las calles, motivando a sus guerreros a seguir con alegría. Hasta la plaza principal donde leyeron su manifiesto y prosiguieron su camino. Mi metro sesenta y dos en el norte se queda corto para llegar a las mejores vistas en fotografía, pero para escabullirme hacía el siguiente destino entre los cuerpos de la gente, es maravilloso. El final del puerto es donde la galera construida reposa, el main squad se posiciona en ella y miles de flashes brillan como estrellas imortalizando el momento.

Fuimos directos a nuestro segundo y último hotel https://www.stmagnusbayhotel.co.uk, estaba bastante lejos, perdido en el monte, entre montañas nevadas. A una hora de Lerwick, – debéis saber que todo el festival sucede en Lerwick-, era una enorme casa de madera y nuestra habitación era el ático, muebles antiguos y telas inglesas decoraban el ambiente. La anfitriona nos recibe y nos trae tés y pastas a la habitación con una preciosa vajilla antigua, fuera hace frío pero nos sentimos muy bien resguardados. Me senté en un butacon taza en mano, finalmente me fuí a hacer una buena siesta para poder trasnochar hasta tarde. Al despertar me puse mil capas de ropa – intentando estar elegante- me hice una trenza vikinga y unos pendientes muy ambientados, no tacones finos – está prohibido para los halls- y un poco de maquillaje. Y nos dirigimos a Lerwick otra vez a ver el último desfile.

Llevaba más capas que una cebolla, aparcamos muy bien y a tiempo – porque como he dicho anteriormente no hay muchos turistas- y seguimos los gritos hasta una plaza donde la galera que esta mañana se fotografiaba ahora, esperaba ser quemada. Novecientos hombres, divididos en diferentes grupos y encabezados por el main squad paseaban con tantas antorchas como hombres había. Crearon una espiral circular alrededor de la galera y la quemaron al ritmo de canciones de la época.

Más tarde y mil fotos después nos dirigimos a nuestro hall. Os voy a explicar cómo funciona, hay unos 12 halls si no recuerdo mal, son hoteles, recintos y asociaciones que ceden el espacio para este evento – hay que pagar pero el dinero luego se utiliza para que el próximo año se pueda volver a celebrar-. Cada grupo del pueblo organiza esos lugares con comida, una banda ceilidh, zona para beber y pista de baile. Es muy difícil que los turistas entren porque es algo muy organizado íntimamente, pero si consigues entrar son muy hospitalarios y te hacen sentir muy acogidos. Durante la noche hay una tabla organizada, los novecientos hombres que antes paseaban con antorchas se dividen en sus grupos de amigos – que comparten disfraz y coreografía- y por turnos un autobús privado los lleva a cada hall. Desde bien temprana la noche hasta bien tarde de la madrugada los halls están llenos de gente bebiendo, comiendo, bailando al son de la banda del lugar mientras esperan al próximo grupo de hombres hacer su espectáculo. Todo el mundo aguanta hasta tarde, nosotros hasta cuando el alma no nos daba para más, pero no es para nada aburrido, pues siempre estás entretenido bailando sus danzas folklóricas o bien disfrutando del espectáculo de los vikingos del lugar.

Al salir la noche era fría, Martin y yo estábamos muy cansados y miramos el cielo en busca de alguna aurora boreal. Pero cómo había nevado las nubes ocupaban el cielo y no tuvimos ese regalo. No hace falta mencionar el gusto que sentimos al llegar al hotel, en nuestra habitación calentita, con un pijama grueso y un sueño profundo.

Día 4: El despertar

Un nuevo Jarl había nacido, no sabíamos quién era pero le deseábamos suerte. Nos despertamos hacía las diez de la mañana y bajamos al salón del hotel, con sus paredes de madera y ese maravilloso olor a café recién hecho. Había un maravilloso desayuno que podías adaptar para que fuese vegano. Todo el mundo en el lugar hablaba sobre la noche anterior y Martin y yo nos mirábamos sintiendo que había sido un sueño y preguntándonos cómo esa experiencia podía haber sido tan especial.

Nos despedimos de la anfitriona y le dimos las gracias por tan maravillosa experiencia en el hall. Allí nos explicó los orígenes del festival y su opinión acerca de la experiencia. Dimos un paseo en coche por esa parte de la isla y después volvimos a Lerwick y paseamos por sus calles, no había ruido, todo era silencio la ciudad estaba reposando la emoción. Algún vikingo y vikinga seguía de fiesta son sus disfraces y nosotros nos refugiamos del frío en una cafetería preciosa Aa’ Fired Up, donde una familia se sentaba a tomar un chocolate mientras pintaban cerámica. ¡Qué maravillosa idea, poder pintar y tomar una bebida caliente!

Por la tarde volvimos a mi restaurante favorito me tomé un chocolate caliente porque me sienta como un buen abrazo reconfortante y, medité sobre mis emociones en ese momento. ¡Qué mal se me daba decir adiós! Volvimos al temido Ferry, esta vez me aseguré de cenar ligero y comprar algo que me dejase lo suficiente relajada como para vislumbrar Valhalla. En Boots una especie de farmacia, nos vendieron unos parches que me facilitaron mucho el viaje.

Día 5: The End

Cuando llegamos al puerto de Aberdeen – esta vez muy pacíficamente- la melancolía nos embargó, demasiadas emociones, muchos momentos bonitos, únicos y originales que no se iban a repetir. Además esa tarde trabajamos y teníamos que llegar a Edimburgo a tiempo, así que supongo que también nos daba un poco de pereza.

Crítica gastronómica vegana

Fjara Cafe Bar: El mirador

Después del terrorífico paseo en barco decidimos que necesitábamos tomar algo para calmar nuestro cuerpo. Este lugar era el más cercano y el más prometedor de la isla. Está al lado del mar y cuando abres sus puertas un increíble olor a café recién hecho y bollitos horneados acarician la nariz. Estaba bastante lleno, así que compartimos mesa al lado del gran ventanal que daba hacía el mar, nuestras compañeras de mesa ambas de América del Norte nos dijeron que era un lugar donde podías ver ballenas. Así que ya os podéis imaginar hacía donde miraba yo todo el rato.

Al final Martin y yo nos motivamos tanto que nos pedimos un desayuno típico inglés vegetariano sin huevo. Así que disfruté de las típicas alubias en salsa de tomate, su sabor rozaba la acidez del tomate con la dulzura de la alubia, y curiosamente al cuerpo le sentó genial esta combinación. Los champiñones Portobello me gustan muy hechos y en este lugar los hacían al punto, pero aún así estaban bastante buenos. El aguacate y tarta típica de patata acompañaban los sabores predominantes que ya he descrito. Me encanta poder jugar con las tostadas de pan y todos los demás ingredientes, decidir qué sabores quiero mezclar y en qué orden y cantidad. Es una experiéncia más que un desayuno, te da tiempo de mirar por la ventana en busca de ballenas y de hablar con tus compañeras de mesa. Un café americano era la guinda del pastel, de hecho siempre que mi estómago está revuelto a parte de la rigurosa infusión, el café -su cafeina mejor dicho- bloquea las ganas de vomitar, este truco me lo enseñó mi abuelo cuando se puso enfermo. Y estas son enseñanzas que él me dió y que llevo conmigo siempre, pues el café me sentó de maravilla.

Me sentía tan a gusto en el lugar que no tuve prisa por irme, mientras yo montaba el itinerario en mi móvil Martin salió a pasear por la costa. Luego cuando estuvimos los dos preparados nos pusimos en marcha.

Pero fue justo esto que hizo de este bar un lugar que mencionar aquí, simplemente me hizo sentirme tan a gusto que no me quería ir.

La guinda de la humanidad

Nosotros dos estábamos sentados en el hall mirando a nuestro alrededor intentando encontrar nuestro lugar. Desde el momento que entramos una señora mayor nos preguntó si éramos los españoles, no había muchos por el lugar. Nos dio la bienvenida y nos invitó a pasar. Una vez sentados un miembro de la banda nos vino a saludar y nos presentó a un grupo de chicas adolescentes para que nos hiciesen sentir a gusto, una de ellas me sacó a bailar. Ella se movía fluidamente pues llevaba años aprendiendo esos balies en el colegio, me dirigía desde mi cintura y yo intentaba no pisarle los pies y mi dignidad. Mucha gente se mostró curiosa por nuestra compañía pero todos desde la sonrisa, pues para ellos era motivo de orgullo que dos jóvenes de España fuesen hasta tan lejos para verles. Fue una de estas sensaciones en las que no sabía como comportarme pues no me planteé que la reunión fuese tan autóctona. Pero ahí está otra vez la humanidad, asomando de nuevo, con toda la belleza que el amor sostiene. Pues nos sentimos incluidos, cómo si viviésemos allí desde hacía un par de años y nuestros vecinos nos hubiesen invitado a esta fiesta.

Cafetería en Lerwick

Highlands escocesas

Tour express de dos días

Torridon

Las tierras altas escocesas son uno de los misterios del alma, y si digo esto es porque cada vez que he ido he sentido una sensación muy dulce y salvaje en cada poro de mi piel. Las montañas son suaves pero albergan una preciosa flora y fauna, los lagos te hipnotizan y calman, la temperatura te hace estar despierto, los cielos mantienen misterio y sus gentes te alegran el día.

Cuando el hogar es un lugar nuevo como me pasó a mí, una de las cosas más mágicas es compartirlo con personas de tu hogar origen. Porque cuando creas tu espacio en otro lugar del mundo se vuelve muy íntimo, creces de manera distinta, y vives muy a tu manera. Eso hace que a veces sea difícil compartirlo con otras personas que parecen formar parte de una realidad alternativa.

Si quieres saber más sobre mi experiencia en Edimburgo aquí tienes toda la información: https://laiawanderlust.blog/memorias-vividas/escocia-edimburgo/

Yo tenía muchas ganas de compartir ese momento de mi vida con mi madre, y finalmente lo conseguimos. Se embarcaron en un vuelo mi madre y su pareja con los padres de Martin y amigos de la familia, porque si hacemos algo lo hacemos a lo grande. Y vinieron a pasar cinco días, dos de ellos los aprovecharon para descubrir Edimburgo en un detallado planning que cree según sus gustos. Los otros dos días los dedicamos a un mini tour por las highlands escocesas. Y justamente ese pequeño viaje es el que vengo a compartir.

Si vas unos días a Edimburgo, quieres una experiencia muy escocesa alternativa pero tienes pocos días, la solución puede que esté en este post. Cuándo ir a esta parte del mundo es una de las preguntas más interesantes, en primavera verás campos con mucha alegría, en verano la temperatura es más agradable, en otoño los bosques se tiñen de colores ocres y, en invierno todo adquiere una sensación más reflexiva y misteriosa. Este viaje lo hicimos en febrero, tuvimos bastante suerte con el tiempo, pero eso es lo divertido del norte, es una lotería muy aventurera. 

Itinerario:

Día 1

  • Inverness

Nos despertamos muy pronto, y cuando digo pronto me refiero a las 5 a.m. Martin y yo recogimos nuestras cosas, acabamos nuestras mochilas y nos fuimos al aeropuerto a buscar la furgoneta que habíamos alquilado. El viaje se retrasó muchísimo porque no nos leímos bien la letra pequeña y tuvimos que hacer cambios de última hora. Por lo tanto atentos a todo lo que alquiláis y no os olvidéis que el lado correcto de la carretera es el izquierdo y, que el cambio de marchas está en el otro lado.

Partimos desde Edimburgo hacia Inverness, si no hubiésemos tardado tanto en recoger el coche hubiésemos ido al campo de batalla de Culoden (https://www.nts.org.uk/visit/places/culloden/ ), esa gran batalla entre ingleses y escoceses que acabó con el sistema medieval de clanes. Finalmente fuimos a comer a un restaurante típico escocés en medio del campo llamado Oakwood (recomiendo reservar), más abajo haré una crítica gastronómica.

  • Torridon

Puede que fuese una de las mejores experiencias del viaje, todos lo infravaloraron pero todos se asombraron. El por qué es sencillo no es un lugar muy turístico, esta bastante escondido hay que conducir un poco y cuando estas en ello parece que te estés perdiendo. Pero cuando llegas el mundo se para, una gran naturaleza te quita el aliento, el lago, los árboles, las montañas, entre otros. Te hacen ver lo pequeño que eres ante el mundo, lo lejos que puedes estar fuera de tu zona de confort y lo que eso significa. Si yo no soy todo eso que me rodea en mi vida monótona, porque estoy aquí sin todo ello y sigo existiendo, ¿quién soy?

Torridon Inn

Tardamos una hora y media desde Inverness, al llegar aparcamos en el párquing del castillo/hotel Torridon Inn, la mitad del grupo se refugió en el súper recomendado bar del hotel tomando whisky, lo cierto es que son especialistas en el tema y tienen una gran variedad. La otra mitad del grupo hicimos un paseo de unos cuarenta y cinco minutos alrededor del lago y bosque, es bastante sencillo de hacer y pudimos ver las vistas del lago, cerditos del lugar y el precioso bosque que rodea el castillo. Al acabar todos nos reunimos en el bar del Torridon Inn, algunos con un vaso de whiskey y los otros con una taza de chocolate caliente al lado del fuego. La decoración del lugar es preciosa, un castillo que quita el aliento y un trato impecablemente magnífico del personal, no nos queríamos ir.

Torridon Inn – Si llegáis pronto ofrecen un Afternoon Tea https://www.thetorridon.com/eat-drink/whisky-bar/

Lago Torridon

Eilean Donan

Después de esa maravillosa sensación cálida que nos dejó el castillo, volvimos al coche muertos de hambre y listos para llegar al hotel donde pasaríamos la noche cerca del castillo que yo más deseaba visitar en toda Escocia. El viaje en coche fue intenso pero la aventura requiere pequeños esfuerzos que son sin duda merecedores de tiempo, el recorrido en coche desde Torridon era de una hora y cuarto. Nuestro conductor tuvo un lapsus momentáneo y cambio el coche al lado derecho, todos empezamos a gritar como locos al ver un camión aproximarse, tuvimos suerte que él es un experto conductor y pudo redirigir la situación a tiempo. Aunque todos lo recordamos como una situación graciosa es verdad que hay que ir con cuidado. 

Llegamos a Balmacara Hotel donde nos sirvieron una rica cena, suelo reservar mis estancias en Booking, este hospedaje esta al lado del castillo de Eilean Donan y aunque modesto es muy acogedor. Después muchos se retiraron a descansar y los demás seguíamos ansiosos de aventuras, así que nos volvimos a subir al coche bajo la luna llena y fuimos a ver Eilean Donan en la penumbra de la noche. Cuando el castillo apareció a mi vista se me cortó la respiración, tan solo y tan bello flotando sobre el lago, remarcando su belleza, unas luces cálidas definen sus rectas y sus pocas curvas. Nos aventuramos más, bajamos del coche y paseamos hasta el lugar, después me fui felizmente a dormir habiendo cumplido un sueño. 

Eliean Donan

Día 2

Eliean Donan

Nos despertamos en lo que parecía un largo letargo, bajamos al buffet libre del hotel y la verdad es que nos pusimos las botas (opciones veganas incluidas solo hay que preguntar por ellas). Fuimos hacia Eilean Donan otra vez con la intención de visitar su interior y aquí otra de las maravillas de Escocia, en muchos museos hay actividades para niños interactivas con el personal del lugar. Los niños aprenden preguntando a los vigilantes de cada zona que les explican historias y curiosidades como si de un cuento se tratase. El interior del castillo es impresionante, es de los castillos que he visitado, más bien ambientados, sobretodo por lo antiguo que es. Una audioguía me explicó cosas muy curiosas (e incluso los propios vigilantes me explicaron cosas) y mi asombro no cesó ni cuando volví a salir. 

Uno de los libros que me llevó a escocia fue el libro de Megan Maxwell Deseo Concedido, el castillo protagonista es Eilean Donan y el clan McRae.

Isla de Skye

Estábamos cerca y no podíamos desperdiciar la situación, no vimos muchos de los puntos que yo quería ver, pero eso es genial porque significa que tengo un motivo más para volver. Dimos un sencillo paseo por la isla y todos sentimos una gran fuerza de la naturaleza en esta parte del viaje. Pudimos ver las típicas vacas escocesas que cariñosamente he apodado como vacas Bob Marley, me acerque mucho -para horror de mí madre- a sacarles fotos, y como buena vegana salí sin lesiones. Para visitar bien la isla de Skye se requieren por lo menos dos días, y como no los teníamos solo dimos un breve paseo por los alrededores.

Fort William

De camino a nuestra última parada antes de volver a Edimburgo paramos a una pequeña cafetería que encontramos en la Isla de Skye, allí tomamos un refresco y comimos algunos frutos secos preparados para continuar el viaje. Esta era una de las partes más largas del viaje tres horas, pero al parar a medio camino se hace mucho más liviano.

Fort William no es mi lugar favorito, pero tiene importancia turística, es decir, es famoso y por ello y por eso quisimos hacer una pequeña paradita. Dimos un paseo por el pueblo, yo me perdí un ratito dentro de una librería absorta por la gran cantidad de libros. Y me tome un café y un bollo en una cafetería vegana preciosa y pequeña que tenía un pequeño supermercado, el nombre era The Wildcat.

Finalmente volvimos a Edimburgo después de tres horas y media más de coche, muertos de cansancio y llenos de nuevas esencias que impregnaban nuestra alma por todo lo vivido. Días después aún sentían la dualidad de si valía la pena dar un paseo en coche tan intenso, ahora pasados los días e incluso meses no les queda ninguna duda de que el viaje valió la pena.

Crítica gastronómica vegana

Oakwood: la cabaña del cazador

Llevábamos muchas horas en coche y estábamos deseando parar en Inverness y saciar el hambre que la aventura había sembrado. Encontré este pintoresco lugar mirando muchas webs, llamé, reservé y, me preguntaron ellos mismos si había algún vegano. Entonces tuve la certeza de que había escogido bien, no sé si fue una conexión especial, o simplemente lo preguntan a todo el mundo, pero fue una señal o eso me gusta creer.

Desde fuera el local rosa no llama la atención, pero cuando entras dentro la decoración parece invitarte a un hogar de las tierras altas. Daba hasta la sensación de ser un refugio para cazadores, en la época en que cazar era sagrado y necesario por carencia de otros productos, un lugar donde se veneraba la presa. En estos tiempos modernos nos conformamos con sentir que los veganos eran aceptados. Nos avisaron que no tenian licencia para vender alcohol pero que nosotros podiamos traer el nuestro propio, mi compañero de hogar era somelier y nos fuimos en nuestra furgoneta con unos cuantos tintos de la Puglia.

No recuerdo mucho la comida, ni puedo dar nombres exactos porque fue hace mucho tiempo, cuando la idea de este blog era una niebla en un lugar escondido de mi mente. Pero recuerdo que nuestra comida fue llena de sabores, muchas verduras de temporada y texturas en contraste entre ellas. El highlander que lo regenta nos ofreció unos tés y yo muerta por el sueño le pedí un café, os prometo que si tomáis un chupito de ese café tenéis entrada VIP para el baño, es decir no os lo recomiendo. Él al ver mi cara vino riendo y me dijo «¿No sabias por qué nosotros siempre bebemos té? Nadie lo sabe hasta que prueba nuestro café.»

Hay experiencias que son más que un plato en la mesa y comida en nuestra boca, en este caso, la comida fue acertada y el contexto fue exuberantemente auténtico.

La guinda de la humanidad

Para mi todo este viaje me regaló vivencias humanas atesorables. Me ilusionó la primera vez que mi madre vio a un highlander tocar la gaita en kilt, me emocionó celebrar el cumpleaños de dos miembros del equipo en lugares tan especiales, me encantó ver disfrutar a algunas personas del famoso y sagrado elixir que es el whisky y, me emocionó hacer un Uc (grito tradicional de comunicación antigua en Ibiza) en medio del campo escocés con mis ibicencos favoritos, y pensar que puede ser que haya sido la primera.

Me enamoré de sus miradas cada vez que se ilusionaban como niños por algún descubrimiento o experiencia y, me fascina ver la llama que se enciende en sus miradas cuando piensan en esa aventura. Me cuidaron muchísimo durante esos días y ese fue para mi el precioso significado de la palabra equipo. Gracias.

The Spanish Crew

La receta express: Scottish Cranachan

Londres

Una de las ciudades obligadas para el europeo joven, un sitio que abraza la diversidad desde su glamour. Todos son bienvenidos y todo el mundo encuentra su lugar. Por motivos familiares he pasado 4 días en la gran ciudad. Un corto itinerario muy dedicado al veganismo, pues Reino Unido es uno de los países con más oferta de productos veganos en Europa.

Shoreditch

Ya había visitado antes Londres, por lo tanto no va a ser un post sobre los típicos lugares, es un itinerario más relajado y un poco más alternativo. La primera vez que fui me agobié tanto por la ansiedad de ver todo lo posible a la vez que me chocaba con una inmensa cantidad de turistas. Me agobié tanto que este viaje fue diseñado para disfrutar de otros aspectos, familia y grandes amigos que viven en esta alternativa ciudad.

ITINERARIO

Día 1:

  • Shoreditch: es un barrio muy interesante, digamos que ofrece un sentimiento alternativo sin perder la compostura londinense. Perderse por sus calles es suficiente para que tu mismo encuentres el plan que más te apetezca, perderte en una de sus tiendas, andar durante horas o incluso sumergirte en un pub durante horas.
  • Skylight: este rooftop en Shorditch es una terraza donde el ambiente consigue sacarte del bullicioso Londres, desde las alturas hay unas maravillosas vistas de la ciudad y sus edificios más modernos. El ambiente es muy animado, desde cocktails hasta batatas fritas deliciosamente aliñadas (sin salsa porque no es vegana en mi caso). Un añadido positivo al lugar es su mesa de ping-pong, la música ambiente y poder jugar al tradicional cricket.
  • Paseo por el canal de Shorditch: no parece para nada que estés en Londres, y a la vez al ver las casas de diseño tan eclécticas una se da cuenta de que sí, solo Londres puede ofrecer esa magia.
  • Slaw: cenamos en este nuevo concepto – al menos para mi de restaurante pop-up. Son establecimientos que se alquilan durante seis meses y al acabar ese tiempo cierran, se van a otro lado o abren uno fijo. Una maravillosa manera de hacerse a la idea de cómo funciona el negocio. La comida del restaurante residente en ese momento era Slaw. Aunque los precios de los platos son más altos que la media, era exquisita, vegana y muy colorida. Lo que más me fascinó fue la capacidad de exaltar los colores y sabores de las propias verduras, que eran las protagonistas de cada plato.

Día 2:

  • Covent Garden: fue un paseo corto pero es un barrio muy interesante donde muchas cosas de interés turístico están cerca como St. Paul Cathedral entre otras. Paseamos hasta the London Eye y de camino comimos en un puestecito un perrito caliente vegano delicioso.
  • The London Dungeon: me encanta Halloween y hacía tiempo que quería ir a esta atracción. La verdad es que es larga y eso hace que valga la pena porque estás entretenida bastante rato. Por el contrario, no dio mucho miedo, es más enfocado a todas las edades. Aviso si no se habla inglés, creo no hay traductor ni nada por el estilo al menos eso creo.
  • Por la tarde quise ir a una de mis tiendas favoritas, Urban Outfitters, el barrio es precioso y está lleno de tiendas especiales.
  • La Fauxmargerie: una pequeña tienda que solo tienen quesos veganos, un sueño, pensé que me daba un ataque nada más entrar. Compré un roquefort hecho con guisantes, uno de anacardos con açaí y, uno de guindilla.

Día 3:

  • Mercado de Broadway: fue precioso, compramos un parmesano vegano de nueces de la marca «I’m nut ok», comimos dátiles cubiertos en chocolate y compramos unas lámparas vintage.
  • Genesis: un restaurante en la zona de Shoreditch y de la que más abajo haré la crítica gastronómica.
  • El resto de la noche la dedicamos a estar con la família.

Día 4:

Lost in the gardens
  • Kensington gardens: era una mañana despejada pero fresca, decidimos pasear por los jardines cogidos de la mano y rememorando Escocia. El lugar es ameno, tiene vida pero una no se siente agobiada. Hay varias rutas y lo mejor es dejarse llevar por el corazón para descubrir la magia del destino.
  • Kensington palace: llegamos allí guiados por el corazón, pues no estaba planeado. Es un lugar que vale la pena visitar, no es muy económico pero sí especial para mí, pues tuve una época que me fascinó la vida de la reina Victoria que vivió allí. Cuenta con diferentes salas y ese ambiente tan romántico acompañan el precioso paseo de los jardines. Una obra arquitectónica y de diseño que no deja indiferente.
  • Cafe forty one: una joya delicada donde tomamos nuestro brunch. Tomamos una tabla de quesos veganos maravillosa, y algún que otro pastelito, todo acompañado del típico té inglés. La atmósfera del lugar es íntima y bonita.

Crítica de gastronomía vegana

Genesis: el laboratorio rosa

Nada más entrar en este restaurante de comida rápida una siente que el rosa y neón la invade. Se pierde la mirada en sus más que peculiares ilustraciones y objetos dignos de un laboratorio, como las probetas que dan olor al lugar. La comida representa mucha de la tendencia vegana del momento: poder comer todo lo que un omnívoro hace al más puro estilo americano de los cincuenta pero eso sí, cruelty free. Los palitos de mozzarella fueron mi momento favorito, la simplicidad del entrante y a su vez la intensidad y consistencia de su sabor y textura. Los tacos de jackfruit amenizaron el paladar de lo que fue una copiosa comida.

Al día siguiente volvimos a por más.

La receta Vegan Fish & Chips:

Esto no es profesional, es una persona que hace pocos años no era vegana y que está aprendiendo poco a poco sobre cocina vegana. Y lo quiero compartir porque «compartir es vivir». Cocino más por intuición que con medidas exactas. Y si te aventuras a probarlo
¡Qué aproveche!

La guinda de la humanidad:

Una cosa bonita que me pasó durante este viaje fue compartir mi tiempo y espacio con uno de mis amigos que vive en Londres. Profesor de yoga y amante de la vida sana y sobre todo del espíritu sano. Cada mañana me preparaba un matcha latte con leche de avena, espuma y corazones de la misma. Eso es amor de verdad, cuidados con pequeños detalles. Amor al fin y al cabo. Conversaciones que tuvimos a altas horas de la noche y queso vegano con tostadas.